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“También la providencia fue bondadosa conmigo, al haberme permitido -poniendo a parte estos años que acabo de relatar- escribir siempre en periódicos de mi propiedad, sin atadura alguna, tomando los riesgos y las decisiones dictadas por mi conciencia en el tono en que se me iba la pluma, no siempre dentro de la mesura que tanto gusta a la gente limeña. Fundé Caretas y Oiga, aunque ésta tuvo un primer nacimiento en noviembre de 1948, ocasión en la que también conté con la ayuda decisiva de Doris Gibson, mi socia, mi colaboradora, mi compañera, mi sostén en Caretas, que apareció el año 50. Pero éste es asunto que he tocado ampliamente en un ensayo sobre la prensa revisteril que publiqué años atrás y que, quién sabe, reaparezca en esta edición con algunas enmiendas y añadiduras”. Francisco Igartua - Andanzas de un periodista Más de 50 años de lucha en el Perú - Oiga 9 de noviembre de 1992

"Cierra Oiga para no prostituir sus banderas, o sea sus ideales que fueron y son de los peruanos amantes de las libertades cívicas, de la democracia y de la tolerancia, aunque seamos intolerantes contra la corrupción, con el juego sucio de los gobernantes y de sus autoridades. El pecado de la revista, su pecado mayor, fue quien sabe ser intransigente con su verdad" – Francisco Igartua – “Adiós con la satisfacción de no haber claudicado” – Editorial “Adiós amigos y enemigos” – Oiga 5 de septiembre de 1995

«Siendo la paz el más difícil y, a la vez, el supremo anhelo de los pueblos, las delegaciones presentes en este Segundo Congreso de las Colectividades Vascas, con la serena perspectiva que da la distancia, respaldan a la sociedad vasca, al Gobierno de Euskadi y a las demás instituciones vascas en su empeño por llevar adelante el proceso de paz ya iniciado y en el que todos estamos comprometidos.» Texto sometido a la aprobación de la Asamblea por el Sr. D. Francisco Igartua y la delegación peruana, y que fue aprobado por unanimidad - Vitoria-Gasteiz, 27 de octubre de 1999

"También se recogen las viejas costumbres de los euskaldunes señalándose que la igualdad debe ser respetada hasta en la muerte, por lo que "para que se eviten quejas y haya igualdad en todos los hermanos que es madre de la paz y conformidad cristiana, a ningún hermano ni hermana de cualquier condición, oficio y calidad que sea se le dé o pueda dar asiento, ni entierro particular en la capilla". Ni asiento ni sepultura que diferencie a unos de otros y, más aún, "esto ha de ser de tal manera indispensable" que no hay autoridad alguna que pueda "innovar o dispensar" esta disposición. Igualdad que se extiende hasta el caso de "personas pobres originarias de dichas provincias y descendientes de ellas (fallecidas en la ciudad), las cuales o por descuido o por falta de noticia no hayan sido registradas... se ordena que los tales se hayan de enterrar y se entierren en la capilla a costa de la Hermandad...." - Francisco Igartua - La primera cofradía en América - Euskonews & Media 189.zbk 22-29 de noviembre de 2002

“Muchos más ejemplos del particularismo vasco, de la identidad euskaldun, se pueden extraer de la lectura de estos ajados documentos americanos, pero el espacio, tirano del periodismo, me obliga a concluir y lo hago con un reclamo cara al futuro. Identidad significa afirmación de lo propio y no agresión a la otredad, afirmación actualizada-repito actualizada- de tradiciones que enriquecen la salud de los pueblos y naciones y las pluralidades del ser humano. No se hace patria odiando a los otros, cerrándonos, sino integrando al sentir, a la vivencia de la comunidad euskaldun, la pluralidad del ser vasco. Por ejemplo, asumiendo como propio -porque lo es- el pensamiento de las grandes personalidades vascas, incluído el de los que han sido reacios al Bizcaitarrismo como es el caso de Unamuno, Baroja, Maeztu, figuras universales y profundamente vascas, tanto que don Miguel se preciaba de serlo afirmando " y yo lo soy puro, por los dieciseis costados". Lo decía con el mismo espíritu con el que los vascos en 1612, comenzaban a reunirse en Euskaletxeak aquí en América” - Francisco Igartua - America y las euskaletxeak - Euskonews & Media 72.zbk 24-31 de marzo 2000

Oiga

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Fototeca - Francisco Igartua Rovira, fundador y director de la revista Oiga (1948, 1962-1995) y cofundador y director con Doris Gibson Parra de la revista Caretas (1950-1962), Director del suplemento dominical del diario El Sol de México (1974-1977), Columnista de los Diarios El Comercio (1996-2000), Correo (2001-2002) y Expreso (2003-2004). Compilador del libro “Andanzas de Federico More”, autor de los libros “”Siempre un extraño” (1996), “Huellas de un destierro” (1997), Entre Molinos de viento (1999), “La Tina y otros cuentos” (2001). Fue invitado por el Lehendakari del Gobierno Vasco, a participar en el primer y segundo Congreso Mundial de Colectividades Vascas (1995 y 1999), efectuados en Vitoria-Gasteiz, Euskadi, España.

Francisco Igartua

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Premio Internacional Francisco Igartua

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Fototeca - Francisco Igartua - Retrato Familiar - Familia Bryce Echenique – Ciudad de Lima – Perú

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Fototeca - El arquitecto Fernando Belaunde Terry, presidente constitucional del Perú (1963-1968 y 1980-1985) y el periodista Francisco Igartua Rovira, durante la celebración del 40° aniversario de la fundación de la revista Oiga, el 8 de noviembre de 1988, en la ciudad de Lima, Perú

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Fototeca – Francisco Igartua y Blanca Varela durante la presentación de su segundo libro autobiográfico "Huellas de un destierro", en la ciudad de Lima, Perú

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Fototeca – Francisco Igartua, durante la ceremonia de entrega de la condecoración “Orden al Mérito Docente y Cultural Gabriela Mistral”, otorgado por el gobierno de la Republica de Chile, lo acompañan el doctor Enrique Moncloa Diez Canseco y su primo hermano señor Luis Fernando Vegas Rovira, Ciudad de Lima, Perú.

Oiga

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Fototeca – “El Grupo del almuerzo de los Jueves” o “Paco soñando con su libro”, evento de todas las semanas que congregaba ritualmente a un grupo entrañable de amigos: Enrique Normand, Danilo Balarin, Fernando de Szyszlo, Alfredo de Toro, Carlos Ferreyros, Frederick Cooper, Luis Garcia Miro, Ricardo Vega Llona, Manuel Bustamante, Felipe Thorndike, Emilio Jiménez y Francisco Igartua, entre otros.

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Francisco Igartua - In memoriam


En memoria de Paco Igartua

Por Luis G. Pareja.- Una buena tarde, de los lejanos años 40, Francisco Igartua, Paco para los amigos, decidió abandonar su carrera de Literatura en la universidad Católica, y dedicarse a su verdadera vocación: el periodismo. No sabemos si se negó a sí mismo y al Perú la ocasión de hacerse un gran literato, pero de lo que no dudamos es que con esa decisión nos regaló el magnífico periodista que es, porque a pesar que Francisco lleva siete años de fallecido; su labor periodística ha dejado una huella imborrable. Como dice Bryce Echenique, su cuñado y amigo: “Paco sigue vivo, es de esos seres que sentaron escuela de vida”.
Y vaya que el autor de “Un mundo para Julius” tiene razón, pues quienes conocieron a Paco o quienes lo leyeron saben que fue un periodista ejemplar, luchador incansable contra todo tipo de injusticia, o acto de corrupción. Nunca calló nada.
Aun muchos recuerdan la vez que el ex presidente Odría citó en su casa de la Perla a más de un centenar de periodistas para pedirles ayuda en la realización de las elecciones y el cambio de mando en un ambiente de paz y tranquilidad, en armonía con la prensa y por ende con la población.
Era una oportunidad que el carácter inquisidor de Paco no podía dejar pasar, junto a Doris Gibson, co-fundadora de Caretas y Carlos Enrique Ferreyros, redactor de la revista, elaboraron un texto que sería leído por este último en dicha reunión, delante de todo el gremio de periodistas que apoyaban al régimen y a nombre de la publicación.
La reunión se llevó a cabo en un ambiente de complacencia para con el régimen saliente, varios periodistas pidieron favores para conseguir terrenos, a los que el presidente respondía de manera afirmativa acompañando el sí con una gran sonrisa fruto de la conveniencia. Otros, como cuenta Paco en una crónica publicada en Caretas al día siguiente, tenían con Odría “largas y sesudas disquisiciones sobre la habilidad de Barbadillo en el manejo del balón, la velocidad de Salazar en 100 metros y las posibilidades del equipo peruano en el sudamericano de fútbol”.
Cuando el humo del tabaco inundaba la sala, al compás de los azafates con bocadillos que pasaban los mayordomos y que eran blanqueados por las presurosas manos de los hombres y mujeres de prensa. El silencio se coló en el salón donde se desenvolvía la reunión, momento que fue aprovechado por Carlos Ferreyros, secundado por Paco y Doris, para pedir la palabra a nombre de Caretas, primero para agradecer por la invitación y luego para opinar sobre las peticiones del ex presidente.
Se tocaron los siguientes puntos que, según el texto escrito por ellos tres, eran indispensables para llevar por buen camino las elecciones y realizar el cambio de mando con transparencia y en un clima de libertad; promulgar la Ley de Seguridad Interior de la República; reforma del Estatuto Electoral y amnistía general para los presos políticos.
Paco y sus acompañantes sabían que estas peticiones servirían para crear un ambiente de paz y de concordia entre los peruanos.
La petición fue vagamente secundada por una dama que tocó temas poco trascendentes, al igual que un periodista de Clarín, pidiendo pensión para la esposa de un colega fallecido. Finalmente la petición de Caretas hizo eco en Alfonso Grados Bertorini, jefe de Informaciones de “La Prensa”, quien no habló en nombre de su medio, pero sí expresó la opinión de todo el cuerpo de redactores del diario, apoyando lo pedido por Ferreyros.
El general Odría fue rápido en su respuesta al asegurar que las elecciones y el cambio de mando se llevarían en un clima de total uso de las libertades constitucionales, Paco interrumpió:
-Entonces señor presidente ¿quiere decir que será derogada la Ley de Seguridad?
-Eso y otras cosas más-respondió seguro.
-Pero, ¿cuándo señor presidente?
-En el momento oportuno.
Luego la misma voz de mujer saltó a la palestra e interrumpió los temas de interés nacional para hablar de “casas baratas y el pisco Vargas”, Odría ya estaba confundido en temas de “humorismo y caricatura”.
La petición no tuvo resonancia en los medios de comunicación, pero Paco, Doris y Carlos, pudieron retirarse de la reunión con la certidumbre de saberse parte de los escasos periodistas independientes de ese entonces.
“Vivíamos épocas de clausura y deportación brutal”
El primer medio de comunicación donde trabajó Paco fue en el diario Jornada a poco de su fundación. Ahí desarrolló el periodismo en la forma de crónicas nocturnas, narrando los hechos que ocurrían mientras la población limeña descansaba en sus hogares. Un gran periodista se iba gestando….
Ya por el año 1946, y un poco más curtido en los gajes de la profesión; Paco pasa a integrar el equipo de redacción del diario La Prensa de Lima. Con un par de años de experiencia en el periodismo, Paco empieza a darse cuenta que su decisión de abandonar los estudios y dedicarse al periodismo, no fue en vano; empieza a madurar la idea de fundar su propio medio, fiel a los principios de su familia, que como él dice: “no habían emigrado del país vasco a este país para dedicarse a la literatura, sino para “hacer la América”, para enriquecerse, -meta que jamás lograron-, y no tenían en perspectiva otro afán que el trabajo y la acumulación de ahorros”.
Dos años más tarde, funda el periódico Oiga, donde ahonda en temas de denuncia política, al poco tiempo este medio es clausurado y Paco enviado a prisión.
Para entonces Igartua ya gozaba de 25 aleccionadores años, había paseado y pulido su pluma en dos medios periodísticos y sufría su primer encierro, luego vendrían más; junto a deportaciones, huidas y hasta clandestinidad producto de las voraces persecuciones de los regímenes de turno, pues Paco fiel a su manera de ser, no cesó en fiscalizar a cuanto presidente le tocó al Perú.
En su interior la semilla del ejercicio periodístico iba adquiriendo la fortaleza de un roble, fuerte e inquebrantable, ese periodismo capaz de sacar de las casillas a los que ostentan el poder, cada publicación que llevara la firma de Igartua era atentamente leída por los políticos a ver qué nueva denuncia podía presentar este peligroso periodista. A más íntegro, más peligroso.
Para 1950 Paco ya había madurado la idea de crear una publicación de mayor trascendencia que un diario, y no tuvo mejor elucubración que volver su periódico Oiga en una revista semanal, de actualidad política, muy ácida en sus comentarios, de mucho análisis, fiscalización y siempre con su terquedad incurable, cubriendo así un gran vacío en el periodismo peruano.
Aún viene a mi mente un editorial de Oiga del año 67 donde Francisco escribe: “Peleamos y seguiremos peleando durante los muchos años que esperamos dure esta aventura periodística que es Oiga, que apunta a inquietarnos e inquietar a los demás por problemas de trascendencia social y humana. El día que esas luchas mueran, habremos muerto como pueblo. Nos habremos hecho dignos del letrero aquel de “se alquila territorio””.
Se contó ya, en la primera parte de esta semblanza, que la relación entre Paco y el ex presidente Odría era más bien una ligazón parecida a la de un detective y un investigado; donde el cuestionado gozaba del poder necesario para esgrimir su dictatorial sombra sobre sus críticos. A veces con amenazas, en otras ocasiones el modo de amedrentar se valía de encierros en los penales, y las deportaciones también se hicieron práctica constante de la dictadura odriísta que duró 8 años. Paco no fue ajeno a estas represalias por el ejercicio de su labor periodística. Es más, padeció en carne propia todas y cada una de las artimañas del poder para silenciar a la prensa.
En 1952 la redacción de un editorial de dos cuerpos publicado en Caretas, revista que fundó junto a Doris Gibson y que en ese entonces dirigía, le valió el destierro. Su editorial versaba sobre el agravio del régimen al ex presidente Bustamante y Rivero.
Francisco con el tiempo le llamaría a esto el “incidente panameño”.
Lo repentino de su exilio fue casi dramático y bochornoso (de caluroso), su único equipaje era un largo abrigo para protegerse del frío, cuando en Panamá el calor rebasa los 30 grados centígrados con total normalidad, y lo necesario hubiera sido un sobretodo para cubrirse de las intensas lluvias y no un abrigo para un frío que allá no existe.
Se vivían tiempos de gran opresión, Caretas respondió a este atropello de manera mesurada pues sabían que en cualquier momento clausuraban la revista. La tendencia de la publicación en esa época se centraba en lo gráfico, notas sobre el aspecto social de la Lima de ese entonces, curiosidades intrascendentes, actualidad internacional y una opinión política muy discreta, tan solo bastó ese editorial escrito por Paco para que terminara achicharrándose en la caliente Panamá del 52.
Una vez en el país de Centroamérica, Paco parte hacia Chile para un Congreso de Literatura, donde es convencido por el escritor italiano Curcio Malaparte y el autor de “La Colmena” Camilo José Cela, para que retorne al Perú junto con ellos; que serían una especie de custodios. La propuesta es aceptada y una vez en suelo peruano, Paco se refugia en el diario “El Comercio” donde permaneció hasta que su permiso para instalarse nuevamente en el país fue aceptado.
El gremio de periodistas de aquellos años no miraba con buenos ojos la labor de Paco, mayor aun era el rechazo de la aristocracia limeña hacia su persona. Siempre andaba enfrentado con todo el mundo a causa de sus opiniones.
La prisión y luego el destierro sufrido en Panamá no tuvo repercusión en la prensa del país, salvo unas pequeñas líneas que aparecieron en El Comercio. Ni siquiera Caretas informó abiertamente sobre el suceso, aunque nunca tan tenues como para que el hecho no llegase a los oídos de la ciudadanía. El único medio que dio cuenta de este asunto fue el Time internacional, que hizo una amplia cobertura no solo escrita sino también gráfica.
Este no fue el único destierro que vivió Paco, en los setentas los odios de la clase política hacia él lo hacen asilarse en Méjico. Para ceñirnos a la realidad, el año 74 enmarca los principios de esta parte de la historia de Francisco Igartua Rovira, periodista a quien hoy, muchos de nosotros le debemos nuestra vocación por hacer del periodismo esa herramienta de mejora social, que él con su ejemplo nos transmitió.
Se sabía que la policía irrumpiría en su hogar en cualquier momento de la velada, algunos de los invitados estaban informados del suceso y prefirieron no asistir para evitarse problemas, los más cercanos acudieron a la recepción advertidos de que en cualquier momento irrumpirían los hombres de Velasco en busca de Paco.
Cuando cayó el asalto, hubo mucha bulla, se escucharon gritos, se mostraron pistolas; la resistencia fue en vano pues a los pocos minutos la policía ya había vulnerado la residencia de la familia Igartua Bryce y se encontraba husmeando todos los rincones de la casa en busca de Paco.
Algunos invitados ofrecieron una valiente resistencia apelando a las buenas costumbres que practicaban los habitantes de esa casa, expresando su rechazo por la forma animal y criminal como habían irrumpido en la reunión, uno de ellos fue Mario Belaunde abogado y amigo de la familia, que se enredó en una trifulca con los policías justo cuando este arribaba a la casa de Paco y los gendarmes se disponían a llevar a cabo su plan.
Aún se recuerda cómo su esposa, la boliviana María Teresa, vociferaba en contra de los asaltantes profiriéndoles agresivos insultos y uno que otro carterazo, actos que los policías ignoraban sucumbidos en su estrategia de capturar al dueño de casa.
Pasado el incidente, la esposa de Paco, Clemen, como él la llama en sus narraciones, accedió después de muchos intentos de los “efectivos del orden” a acudir a la Prefectura, aun con el temor de ser recluida en esa dependencia para lograr así que su esposo se entregase. Pero solo cuando un amigo de la familia advirtiera a todas las agencias extranjeras de noticias, los medios de comunicación nacionales estaban vendidos al régimen, que ella acudiría a la Prefectura y que cabía la terrible posibilidad de quedar presa.
Cuando culminó el interrogatorio al que fue sometida, se dio con la ingrata sorpresa de que muchas de sus amigas que la habían ido a visitar la noche anterior se encontraban presas, primero pasaron por la Prefectura y luego fueron conducidas a la cárcel de mujeres de Chorrillos.
Todo aquel que se acercase a la residencia antes de tocar el timbre era detenido en el acto y trasladado para los interrogatorios de rigor y luego conducido a una celda. A ese grado llegó la represión y el abuso de la dictadura con el fin de silenciar a la voz cantante del periodismo independiente de ese entonces, meta que jamás se cumpliría.
Incluso fue detenido en esa ocasión un sacerdote navarro que hacía labor social en los barrios más pobres de Arequipa, quien pasó toda una noche en una fría celda, despojado de sus correas para evitar cualquier intento de suicidio.
Hubo también quienes se sintieron importantes señores al ser requeridos de tal forma por la policía, uno de ellos fue Eduardo Bryce, cuñado de Paco, quien respondió a todas las preguntas que se le hicieron en forma sarcástica y burlona despertando así la ira de la policía que lo recluyó dos días en una lúgubre celda y todo por dárselas de gracioso.
La actitud de Clemen con respecto a todos estos hechos fue la de avisar vía telefónica, en esos tiempos no existía el chuponeo, a sus amistades para que no fueran a visitarla a su casa pues corrían el riesgo de seguir llenando las celdas de la Prefectura.
Mientras estos sucesos se desarrollaban en su casa, en la cárcel de mujeres y en la Prefectura, Paco ya había logrado el tan ansiado asilo, por intermedio de su amigo, el escritor Mario Vargas Llosa, quien intercedió ante el embajador mejicano para que aceptara al periodista como perseguido político y le brindara el asilo requerido. Teniendo este inconveniente solucionado, Paco ingresó a la residencia del embajador de Méjico, a bordo del auto de la agregada cultural de la embajada de Alemania Occidental, y junto a un amigo notario firmó unos poderes para Clemen sobre su cuenta bancaria y para algunas gestiones comerciales de la empresa editora Oiga.
Ante la espera para que el Perú le remitiera el salvoconducto para salir del país, Paco pasó unos días en la embajada, sin saber que el “gobierno revolucionario” se negaría a darle el documento requerido, con el propósito de quitarle la ayuda que Méjico otorgaba a sus refugiados.
Después de varias conversaciones el gobierno del Perú accedió a que Paco saliera custodiado hasta el avión por representantes de la embajada de Méjico y por un funcionario de la Cancillería peruana que actuaría como garante para que se respete la palabra empeñada.
Varios fueron los días que pasaron hasta obtener el salvoconducto, la última noche de su estancia en la embajada de Méjico, pudo recibir a la familia, su esposa Clemen, su hija Maite de apenas diez años y Esteban, hijo de pocos meses de nacido.
El 28 de julio de 1974, Juan Velasco Alvarado dio su mensaje presidencial al Perú, pero este no fue el tema de análisis en la siguiente edición de Oiga, pues durante la semana dos hechos llamaron la sesuda atención de Paco.
La elaboración de un nuevo estatuto de prensa y la expropiación hasta de los logotipos que eran propiedad intelectual de los diarios de Lima, los diarios se convertían en propiedad de Estado. Paco trató este tema en la edición de Oiga del 2 de agosto de 1974, escribiendo en el editorial “Lamentamos tener que estar entre los que sospechan que ha comenzado otro eclipse de la libertad en el Perú y lo lamentamos porque creemos que la libertad, la cultura, la dignidad y los derechos del espíritu, lo que diferencia al hombre de la bestia, no son privilegios capitalistas o burgueses, sino conquistas humanas, sin las cuales la vida no merece ser vivida”
Igartua con ese editorial se enfrentó abiertamente al régimen, hecho que le valió su destierro en Méjico, suceso que no solo debe ser estimado por la lucidez de juicio de Paco; sino que significa un hito dentro del periodismo en el Perú, por la trascendencia de una publicación, por lo punzante que resultó esa edición para la dictadura, por lo analítico y crítico que se llegó a ser ante las barbaridades de la dictadura del ex general, esgrimidas contra la libertad de prensa.
Más de este periodismo le hace bien al país.
Paco pasó alrededor de cuatro años en Méjico donde se desempeñó como director del Suplemento Cultural del diario El Sol, mas los primeros tiempos de su estancia en el país azteca fueron duros, pues la soledad con su crudeza mellaron fuertemente su ánimo, pero firme ante la adversidad, logró reponerse y ejercer su profesión con los mismos valores que practicó en su vocación periodística y en su vida.
A los dos días de exilio, El Comercio, secuestrado por la “revolución militar”, en su editorial menciona que Igartua era expulsado “por español y por bruto”.
El año 78 Paco retorna al Perú con la idea de relanzar Oiga. El inconveniente más difícil sería el de conseguir el capital necesario para sacar a flote la revista.
Se asocia con un grupo de jóvenes profesionales con aspiraciones políticas y con un inmigrante croata al que había conocido años atrás en Dubrovnik. Y bajo circunstancias muy modestas se dio inicio al proyecto del semanario, las primeras ediciones fueron sin color, sin mucha publicidad y sin tener el poder adquisitivo para contratar escritores de renombre para que colaboraran con comentarios puntuales sobre la actualidad.
En poco tiempo Paco pudo darse cuenta de los afanes de figuración de sus jóvenes socios, quienes al poseer la mayor parte del accionariado de la empresa sentían que debían también dirigirla en el plano periodístico, esto no lo permitió y finalmente luego de diversos encontrones siguió en el cargo de director y con un tercio de las acciones en manos de sus amigos.
Pero los pleitos volvieron a socavar la tranquilidad del semanario al verse próxima la contienda electoral, la definición de una postura clara era tarea pendiente de la revista, y lo más conveniente habría sido apoyar la candidatura de Fernando Belaunde Terry, pero muy por el contrario lo que quería el socio mayoritario era entorpecer esta candidatura.
Era imprescindible que salga de la empresa una de las dos posiciones. Comprarle las acciones a ese socio era la única alternativa
Fue pasando el tiempo y el Perú se debatía entre la Asamblea Constituyente y el paso de un gobierno militar a uno de civiles elegido por el pueblo. En esta crucial etapa en la historia de nuestro país, las propuestas de Oiga se centraban básicamente en la devolución de la prensa confiscada a sus legítimos dueños. Permitiendo a estos últimos, publicar cartas, artículos y entrevistas enfocados en la devolución de sus empresas periodísticas.
Avanzaron los años y ya con los medios en manos de sus originales cabezas, Oiga advierte en sus publicaciones sobre los entrenamientos de grupos terroristas en las afueras de Lima; hecho que es ignorado por el gobierno de turno al cual Paco llama: “Quizá el mayor de los errores del segundo gobierno de Fernando Belaunde, no detener a tiempo al terrorismo que empezaba a organizarse”.
Sus desencuentros con el APRA nunca fueron por simple capricho, pues nunca negó espacio a las ideas apristas que consideraba correctas para los rumbos del país, mas siempre fue irreprochable fiscalizador de los asuntos turbios de esa bancada, por ejemplo en el año 89 Oiga ponía al descubierto los signos exteriores de riqueza del presidente Alan García y sus cuentas, por más maniobras de cifras que hacían sus amigos, no cuadraban, sus ingresos no alcanzaban para cubrir el costo de sus adquisiciones.
Denuncias que le valieron cierta noche en que dormía plácidamente en compañía de su mujer, la explosión de una bomba en la puerta de su casa. A pesar de este incidente Oiga siguió mostrando pruebas contundentes del desbalance entre los ingresos y el patrimonio del presidente.
Al cabo de unos años, en que el destino lo hizo cenar al lado de Agustín Mantilla, ex ministro del Interior, Paco le pregunta: ¿Por qué me pusieron esa bomba?. A lo que Mantilla responde:
- Asuntos de Estado, amigo Igartua.
Más adelante y ya con la dictadura de Fujimori a cuestas, Paco enfiló sus comentarios hacia “esa vieja oligarquía que compartía el poder con la Fuerza Armada, convertida desde hace mucho en el más poderoso partido del Perú”.
En sus líneas nunca hubo un afán de dar tregua, sino guerra, guerra total contra el abuso, el atropello y la injusticia.
Paco, con el tiempo, luego que amenazas de cárcel por defraudación tributaria hicieron “que fuera imposible seguir teniendo abiertas las puertas de Oiga”.
A finales del 93, la mayor parte de los medios de comunicación estaban quebrados; con excepción de El Comercio, Gestión y Canal 5, a los demás se le habían acumulado deudas millonarias con la Sunat que se incrementaban de manera cuantiosa por las moras y las multas; lo que aparentemente significaba el cierre de sus imprentas, canales y/o señales radiofónicas.
Con este precedente Oiga gozaba de una situación un tanto especial, unos meses antes se encontraba entre los medios de comunicación que no tenían deudas para con los organismos del Estado. Pero de un momento a otro la publicación se encontró en la disyuntiva de pagar la planilla de sus empleados, o el impuesto de 18% a la venta del periódico, impuesto arbitrario que no tiene cabida en los países que consideren a la cultura pieza clave en el desarrollo de sus sociedades.
Como era propio en la conducta de Paco, la decisión se inclinó hacia cubrir el pago de los trabajadores de Oiga, y de esta forma comenzó el alud de multas y moras. Sin embargo, la deuda total de Oiga hasta se entonces, no era significativa en comparación con las deudas que sobrellevaban los demás medios.
Sería callar, si dejáramos de mencionar el despiadado castigo mediante el sabotaje publicitario del Estado y de los amigos del gobierno y, además, Oiga se encontraba descapitalizada por el esfuerzo que había hecho para estar al día en el pago de tributos.
En dichas circunstancias los directivos de la prensa acuden donde el señor Santiago Fujimori, quien por intermedio del publicista Oscar Dufour, era el hombre del régimen encargado de las relaciones con los medios de difusión. Pero a esa reunión no se invitó de manera deliberada a Oiga, siendo así el único periódico con problemas tributarios excluido de ese concilio en el que se llegó al acuerdo de que los medios cancelarían sus apuros económicos con la Sunat colaborando con el gobierno en un gigantesco programa educativo.
A la siguiente reunión para definir este acuerdo, Paco sí fue invitado, porque, como lo menciona en uno de sus libros, al parecer, no se quería que alguien de la oposición quedara excluido del arreglo.
La citación fue hecha por el señor Alfredo Jaililie, el hombre de la Caja del Ministerio de Economía en ese entonces dirigido por Jorge Camet. El encuentro tuvo sitio en el Ministerio.
Paco presentó una dura oposición hacia este proyecto, pues adujo sería un disparate imprimir textos escolares en papel periódico y más todavía usar ese papel para cuadernos. Pues estos terminarían desbaratándose por su inconsistencia.
Se le refutó diciendo que podrían ser hechos en papel bond, pero si las rotativas usaran el bond nacional se destruirían sus rodillos por el polvillo que suelta ese papel, y de importar papel, la empresa resultaría demasiado cara, tanto por el precio de ese bond como por los impuestos aduaneros y el IGV para el papel.
La solución entendida por Paco, no pasaba por llegar a un acuerdo con el gobierno sino por liberar de ciertas cargas tributarias a la cultura, como el 18% a las ventas igual que en el resto de países civilizados del mundo. Una vez más el juicio analítico y de fondo, que siempre caracterizó a Paco, le fue enrostrado a los conductores de un régimen corrupto y falaz.
La petición fue negada por los representantes del gobierno.
Más tarde por presión administrativa, Oiga tuvo que ceder a la posición esgrimida por el gobierno, aceptando el pagaré con el que saldaría su deuda con la Sunat y asumiría el compromiso publicitario con el gobierno. Mas este se comportó complaciente y valorando sobremanera los espacio de los medios cuyas editoriales justificaban y aprobaban las decisiones del gobierno. Pero con Oiga, fueron lentas y mal valoradas las publicidades, pues se trataba de un medio de radical oposición.
Apenas se salda la deuda del pagaré, Paco resuelve liquidar Oiga, tarea que resulto más difícil y complicada que la de crear la empresa.
Queda a pesar de los años que han pasado, la sensación que Oiga nunca claudicó en su afán por esclarecer los hechos de acontecer nacional e internacional, por cambiar esta sociedad injusta y cruel. Por seguir sus luchas a pesar de su desaparición; pues a Oiga nadie le quitará lo escrito, ni lo denunciado.
El 24 de marzo del 2004, debido a un cáncer pulmonar, fallece Francisco Igartua Rovira, “Paco”, dejando huella en el periodismo de análisis, crítica e investigación. Muchos que lo conocieron resaltan su pericia para predecir los acontecimientos políticos y sociales, cual clarividente Paco tuvo un tercer ojo para hacer lecturas entre las líneas de los demás medios, interpretar sus silencios y descifrar los trasfondos políticos.
Ya han pasado más de dos años de la dolorosa desaparición de Paco, y no tenemos noticia de algún homenaje realizado por parte del gremio de periodistas; hecho que es análogo al apoyo que recibió Igartua por parte de sus colegas, quienes siempre safaron cuerpo ante las denuncias que realizó Paco desde su tribuna. Partiendo de la reunión en la casa de Odría, hasta sus enfrentamientos con la dictadura fujimontesinista, que terminó con el cierre de Oiga.

A Oiga nadie le quitará jamás lo escrito.